Donde prospera la tierra, prospera su gente.
Una mina no se gana su lugar con un permiso, sino en el día a día de la comunidad que la rodea. En la sierra andina donde trabajamos, invertimos en educación, en la entrega anual de regalos navideños, en empleo local y en la calidad de vida de nuestro personal en el campamento, para que nuestra presencia sume en lugar de restar y nuestra licencia social se renueve año tras año.
Fútbol en la altura para nuestro equipo.
Glore construyó una cancha de fútbol reglamentaria de césped sintético en el campamento minero para que el personal, que trabaja largas jornadas a gran altitud, tenga un espacio de recreación.
Invertimos en la próxima generación.
Dentro de veinte años, los niños de los valles que rodean nuestras operaciones serán los ingenieros, docentes y líderes de sus comunidades, de las que seguiremos formando parte. Por eso apoyamos a las escuelas locales a las que asisten y trabajamos junto con docentes y familias para que las aulas estén equipadas y los alumnos, motivados.
Para nosotros, la educación es la inversión de más largo plazo que hacemos. No le suma nada al balance, pero le da todo al lugar donde operamos.
Navidad en los valles.
Cada año, el equipo de Glore prepara y entrega regalos de Navidad a las comunidades cercanas a nuestras operaciones, una tradición que esperamos con tanto entusiasmo como ellas.
Más de 500 empleos, cerca de casa.
A través de nuestra red local de socios sostenemos más de 500 empleos y damos prioridad a la contratación en las comunidades donde operamos. Un trabajo en la mina significa un sueldo que se queda en el valle, habilidades que también sirven fuera de ella y una familia comprometida con que el trabajo se haga bien y de forma segura.
Ese compromiso se ve cada mañana en la charla de seguridad, con capacitación y estándares estrictos para un equipo que trabaja a gran altitud y en condiciones exigentes.
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